Mientras miles de familias celebraban el 4 de julio en Estados Unidos, otras —especialmente inmigrantes latinas— pasaban el día en la clandestinidad, temiendo salir a la calle por miedo a ser arrestadas.
Una de esas madres es Lennimar Rivas, una mujer venezolana con tres hijos ciudadanos estadounidenses, que desde el 12 de junio vive prácticamente encerrada en su hogar.
Entre la enfermedad y la persecución

Lennimar Rivas recibió una notificación del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) anunciando la terminación de su permiso humanitario y solicitando que se autodeporte.
Esto la dejó sin estatus migratorio y sin protección contra la deportación, justo cuando padece dos enfermedades graves:
Síndrome de Guillain-Barré y diabetes tipo 1, condiciones que requieren atención médica constante y acceso a medicamentos que en Venezuela, su país natal, no podría costear.
“Si me llevan, siento que me voy a morir”, confiesa.
“No podría estar sin mis hijos. Ellos me han mantenido viva, peleando por todas las cosas que he pasado”.
Aislada por el miedo, Lennimar Rivas depende ahora de sus hijos para sobrevivir.
Wyatt, su hijo menor de 14 años, es quien sale a comprar alimentos, lava la ropa y asume las tareas del hogar.
Su otro hijo de 16 años le ha dicho: “Yo te escondo, mamá. Dime qué hago”.
Impacto psicológico en los hijos

El temor a las redadas de ICE no solo afecta a los adultos.
Las organizaciones comunitarias han advertido sobre los efectos emocionales que esta situación está generando en los niños.
Según Mayra Todd, directora de una organización que apoya a mujeres inmigrantes, el miedo se ha vuelto una carga emocional comparable a lo vivido durante la pandemia:
“Este trauma no se borra. Los niños están angustiados todo el tiempo. Es peor que el encierro por el virus”.
Vecindarios como Boyle Heights, El Sereno y Huntington Park, con gran presencia latina, han suspendido eventos públicos por seguridad.
Las celebraciones tradicionales del 4 de julio fueron canceladas por temor a operativos sorpresa de ICE.
Para muchas familias, como Lennimar Rivas, el simple hecho de asistir a un parque o participar en una reunión se ha convertido en un riesgo.
Un símbolo de lucha

Si me llevan, siento que me voy a morir
La historia de Lennimar Rivas no es aislada, pero representa una realidad compartida por muchas madres indocumentadas que viven al límite.
Sin permiso de trabajo y enfrentando enfermedades crónicas, su única esperanza es lograr el apoyo financiero para pagar una asesoría migratoria que le permita pelear su caso y evitar la deportación.
Actualmente, ha iniciado una campaña en línea en GoFundMe para recolectar fondos que le ayuden a continuar su batalla legal y permanecer con sus hijos en Estados Unidos.
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