Las posadas no son solo una tradición religiosa: son un ritual comunitario profundamente arraigado en la identidad de millones de latinos, especialmente mexicanos y centroamericanos.
Celebradas del 16 al 24 de diciembre, estas festividades recrean el peregrinaje de María y José en busca de un lugar para que nazca el niño Jesús. En cada noche, una familia anfitriona abre sus puertas, y entre cantos, velas, piñatas, tamales y ponche, se renuevan la fe, la convivencia y la esperanza.
¿Te acuerdas de las posadas?

Pero para los latinos que viven en Estados Unidos, las posadas significan mucho más.
Son una herramienta poderosa de resistencia cultural, una forma de criar hijos biculturales con orgullo por sus raíces.
Así como también, son un recordatorio de que ninguna frontera puede romper la conexión con nuestra tierra y nuestras costumbres.
Tradición viva en tiempos de cambio

Con el paso del tiempo, muchos inmigrantes han tenido que adaptar la celebración.
En vez de recorrer las calles de un barrio como en sus pueblos, lo hacen dentro de apartamentos, iglesias o centros comunitarios.
Algunas familias organizan posadas virtuales con sus seres queridos al otro lado del muro.
En muchos casos, incluso invitan a vecinos estadounidenses a participar, convirtiendo la tradición en un acto de integración que genera curiosidad, empatía y respeto.
Este contexto hace que las posadas sean, hoy más que nunca, un acto de afirmación cultural.
Celebrarlas en EEUU no solo es posible, sino necesario: ayuda a que nuestros niños no olviden quiénes son y ofrece un espacio de comunidad en un entorno muchas veces marcado por la soledad o la nostalgia.
Por qué celebrarlas en EEUU fortalece a la comunidad

Preserva la identidad cultural: en un país donde es fácil asimilarse y olvidar tradiciones, las posadas ofrecen una oportunidad concreta de enseñar a las nuevas generaciones sobre la fe, la hospitalidad y la historia de nuestros pueblos.
Fortalece el sentido de comunidad: organizar una posada —aunque sea pequeña— permite conectar con otros latinos, compartir alimentos, cantos y experiencias. Es un recordatorio de que no estamos solos.
Combate la nostalgia y el aislamiento: especialmente para los recién llegados, estas fiestas traen un pedacito de casa y contribuyen al bienestar emocional durante las fiestas decembrinas.
Genera espacios de inclusión: al invitar a personas de otras culturas a compartir la tradición, se construyen puentes de entendimiento entre comunidades.
Más vigentes que nunca

En medio de un contexto político que a menudo ha sido hostil hacia los inmigrantes, celebrar las posadas en EEUU se convierte en un acto de dignidad.
Es una forma de decir “estamos aquí, contribuimos a este país y traemos con nosotros lo mejor de nuestras culturas”.
Ya sea en Texas, California, Nueva York o Carolina del Norte, cada vez son más las comunidades que están reviviendo estas tradiciones, organizando procesiones, cantos y piñatas en parques, parroquias y centros culturales.
Y ese renacer es un símbolo de fuerza y pertenencia.
Las posadas recrean el peregrinaje de María y José en busca de un lugar para que nazca el niño Jesús