El envejecimiento conlleva cambios naturales en el organismo, pero la pérdida de piezas dentales no es una consecuencia inevitable de la edad. Bajo la premisa de que una boca sana es fundamental para una nutrición adecuada y una buena calidad de vida, especialistas en geriatría y odontología advierten sobre la importancia de redoblar los cuidados preventivos al cruzar la barrera de los 65 años.
El mito de la pérdida dental inevitable

Durante décadas, se ha normalizado el uso de prótesis totales o «dentaduras postizas» como una etapa obligatoria de la vejez.
Sin embargo, la odontología moderna sostiene que, con el mantenimiento adecuado, las piezas naturales pueden conservarse de por vida.
El verdadero riesgo en la tercera edad no es el paso del tiempo, sino la acumulación de afecciones crónicas como la periodontitis (enfermedad de las encías) y la xerostomía (sequedad bucal).
La xerostomía es particularmente común en adultos mayores debido al consumo de medicamentos para la hipertensión o la diabetes, los cuales reducen la producción de saliva.
Al disminuir este flujo, la boca pierde su mecanismo natural de limpieza, facilitando la aparición de caries radiculares (en la raíz del diente) y erosión del esmalte.
Riesgos sistémicos: Más allá de la estética
La salud bucal en la tercera edad tiene una correlación directa con la salud general.
Estudios clínicos han demostrado que las infecciones en las encías pueden agravar condiciones preexistentes:
Enfermedades cardiovasculares: Las bacterias bucales pueden entrar al torrente sanguíneo y afectar las válvulas del corazón.
Diabetes: Existe una relación bidireccional; la diabetes descontrolada empeora la salud gingival, y una infección bucal dificulta el control de la glucosa.
Nutrición: La dificultad para masticar lleva a muchos adultos mayores a evitar alimentos fibrosos o proteínas sólidas, derivando en cuadros de malnutrición o anemia.
Guía de cuidados esenciales

Para evitar el recurso de los dientes postizos o asegurar el éxito de los implantes, los expertos recomiendan tres pilares básicos:
Higiene adaptada: El uso de cepillos eléctricos o con mangos ergonómicos es vital para quienes padecen artritis o movilidad reducida en las manos.
Limpieza de prótesis: En caso de usar prótesis removibles, estas deben higienizarse diariamente fuera de la boca y retirarse durante la noche para permitir que los tejidos descansen.
Hidratación constante: Beber agua frecuentemente y utilizar sustitutos salivales si es necesario para combatir la sequedad inducida por fármacos.
Mantener la dentición natural no solo preserva la estética, sino que garantiza la funcionalidad necesaria para una vejez plena y activa.
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