La NFL enfrenta un nuevo desafío en la organización del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 2026, luego de que las negociaciones con Taylor Swift, considerada la artista femenina más influyente de la actualidad, se vinieran abajo. La decisión no estuvo relacionada con el aspecto económico —como suele ocurrir en negociaciones de este nivel—, sino con diferencias legales sobre los derechos de propiedad del material audiovisual.
De acuerdo con el periodista especializado en entretenimiento Rob Shuter, quien abordó el tema en su pódcast Naughty But Nice, la intérprete de Anti-Hero y Cruel Summer exigió que la propiedad total de la grabación de su actuación le perteneciera, algo que la NFL no estuvo dispuesta a aceptar.
La propuesta de la cantante implicaba que todas las regalías generadas por las retransmisiones, plataformas de streaming o cualquier uso posterior del metraje se le acreditaran directamente, además de solicitar la posibilidad de incluir breves menciones o espacios promocionales para sus propios proyectos musicales durante la transmisión del evento.
“La NFL esperaba que los artistas más grandes del mundo aceptaran participar por la exposición, pero Taylor no necesita exposición. Ella quería un acuerdo que reflejara su valor”, explicó Shuter.

La exigencia de Taylor Swift no sorprende del todo si se considera su historial de defensa de los derechos de los artistas sobre sus grabaciones. Desde su disputa pública con Scooter Braun y Big Machine Records por la titularidad de sus primeros seis álbumes, Swift ha dejado claro que su prioridad es mantener el control de su obra.
La decisión de la cantante de rechazar el Super Bowl se interpreta como una extensión de esa filosofía: la artista de 35 años no busca únicamente la visibilidad que ofrece el evento deportivo más visto del mundo —que en su edición de 2025 superó los 118 millones de espectadores globales—, sino también un trato que reconozca su independencia artística y su influencia en la industria.
El interés por ver a Taylor Swift en el Super Bowl se había intensificado no solo por su estatus musical, sino también por su relación sentimental con Travis Kelce, estrella de los Kansas City Chiefs y reciente campeón del torneo.
Su compromiso, anunciado en 2025, había alimentado las expectativas de que la artista encabezara el show de medio tiempo en el Levi’s Stadium de California. Sin embargo, las diferencias legales demostraron que el vínculo personal no pesó más que sus principios sobre la propiedad intelectual.
Taylor Swift y Adele ya dijeron ‘NO!’ ¿Y Miley Cyrus?
Por su parte, Adele, quien ya había sido contactada para el espectáculo en 2017 y lo rechazó por considerar que el show “no se trataba de música sino de entretenimiento masivo”, volvió a declinar la oferta sin que se conocieran detalles de las razones detrás de su decisión en esta ocasión.
Con las negativas de Swift y Adele, la NFL ha comenzado a enfocar su atención en Miley Cyrus, cuya energía escénica, trayectoria reciente con Beautiful Things Deluxe y experiencia en eventos de gran escala la posicionan como una de las candidatas más fuertes para encabezar el Halftime Show de 2026.

La ausencia de un acuerdo con Taylor Swift representa un giro inesperado para el Super Bowl LX, que se celebrará en febrero de 2026. El show de medio tiempo, tradicionalmente uno de los segmentos televisivos más vistos del año, sigue sin un nombre confirmado.
La situación refleja los cambios en el poder de negociación entre artistas y organizadores de grandes eventos, en un contexto donde las figuras más influyentes del pop global priorizan cada vez más el control creativo y los beneficios derivados de sus presentaciones.
Mientras la NFL busca cerrar pronto al headliner que sustituirá a Swift, los fanáticos esperan que la próxima edición del espectáculo combine talento, innovación y respeto por la independencia de los artistas, manteniendo el prestigio que ha caracterizado al show durante décadas.
Entérate de más en ‘QueOnnda.com’


